jueves, 3 de enero de 2013

Día 24 - 24 de noviembre

Esta mañana no hubo rebuznos, sino alarmas de móviles. A las 8:15 nos esperaba el desayuno en el hotel: una tostada con tomate y aceite acompañando al café. Pudimos comprar empanadillas y otros caprichos para enseguida emprender el viaje hasta Zaragoza. Fueron 6 horas del tirón, durmiendo y recordando lo extraordinaria que fue esta semana.

Ante todo agradecemos el trato recibido por los pastores, Isidoro y Nicolás; su generosidad, su buen humor y sus buenas intenciones sin olvidar sus grandes talentos culinarios.

Seguidamente, agradecemos al departamento de infecciosas de la facultad por habernos dado esta extraordinaria oportunidad. Pese a la gran dificultad que os ha supuesto organizar este evento, finalmente todo ha resultado mejor de lo que se esperaba.

Y por último, agradecimientos especiales a Olivia y Julio, nuestros acompañantes y casi “padres” de nuestra cuarta semana de trashumancia; por compartir sus experiencias y estos días con nosotros.

Sólo queda decir que esta aventura nos ha permitido conocernos mejor entre nosotros, y descubrir una tradición que muy pocos conocen: ¡¡LA TRASHUMANCIA!!
 
 
Autores: Helena Agustín Valdearcos, Laura Bataller Montaner, Severine Caillaud, Alfonso Cruz Andrés, Vanesa Galende Medinilla, Juliette Martín Cereza, Armán Santorcuato García

miércoles, 2 de enero de 2013

Día 23 - 23 de noviembre

Eran las 7 de la mañana cuando Problemas y su agradable rebuzno, ya un tanto afónico, nos despertó para emprender el último día de vereda. Fue una de las mañanas con más rocío y los que no habían plantado bien sus tiendas se llevaron una ingrata sorpresa al levantarse y tener el saco empapado, pero en el cielo no había ni rastro de nubes. Se preparaba un último día muy caluroso.

Tras el desayuno y recogida de las tiendas, Urbano, como cada mañana, se hizo cargo de retirar el pastor eléctrico permitiendo a las ovejas emprender su última etapa. Esa mañana apareció otro aborto, el más tardío hasta ahora, y éste fue el sabroso desayuno de José Ángel, que sin duda le daría la energía necesaria para ejercer su labor de perro pastor en este último día de vereda.


José Ángel disfrutando de su desyuno (Severine Caillaud)

Anduvimos por terrenos un tanto pedregosos, y el ganado se veía nervioso. Estaba claro que sabía que llegaba por fin a casa. Vidal nos avisó que este tramo sería complicado ya que muchas fincas estaban rodeadas por alambradas, y como en esta zona se practicaba la replantación de ciertos árboles, éstos estaban vallados. Vidal, veterano ya, iba preparado y se alejaba a veces del rebaño para escuchar los gritos de alguna cabra que quedase aprisionada. Fue el caso de una joven chota que, intentando comer las hojas de un árbol recientemente plantado y protegido, se quedó atrapada con la cornamenta en los alambres. Una vez rescatada y liberada la chota asustada regresó a galope hacia su querido rebaño.

Desde que había comenzado la jornada, Vidal vigilaba particularmente una oveja que tenía dificultades para seguir el ritmo del rebaño ya que temía que se extraviase al alejarse. La disnea que padecía la oveja era tal, que Vidal contactó con Urbano para inyectarle terramicina y seguidamente subirla al remolque debido a su incapacidad para caminar.

Sierra Morena (Severine Caillaud)

Tras estos acontecimientos seguimos la marcha disfrutando del espectacular paisaje que nos ofrecía Sierra Morena bajo el manto de un extraordinario cielo azul. Pudimos beber en un abrevadero, y algunos imitamos a Vidal, que aprovechó para asearse como un “gato” ya que en pocas horas iba a volver a ver a su familia tras 23 días de vereda.

Después de unos 7 km, llegamos al punto de encuentro con los todoterrenos, nuestra querida furgoneta conducida por Olivia, y ¡sorpresa!: Javier Lucientes y Etxaniz, que habían venido desde 
Zaragoza y San Sebastián respectivamente, para poder disfrutar de la última tarde de vereda. Pero también nos tocó tristemente despedirnos del carismático Isidoro.

Isidoro despidiéndose de la bota (Severine Caillaud)

El menú del último día fue “especial” pues, junto al clásico almuerzo tuvimos la suerte de contar con panceta y chorizo a la brasa. Algo que nos reconfortó tras la que había sido la primera despedida. Después de comer, emprendimos el camino esta vez ya dirección Plazuelas, la finca donde el ganado pasa el invierno.

Última comida "especial" (Severine Caillaud)

El ritmo de las ovejas se vio rápidamente acelerado, el rebaño, que nunca se pierde, sabía que pronto llegaría a su destino y la impaciencia era claramente manifiesta. La labor de Ismael se hizo más importante ya que debía contener el rebaño que no cesaba en su empeño de querer adelantarlo. Comanechi, Miniyo y Problemas (más burro pastor que burro de carga) se ocupaban de que las ovejas disminuyeran el ritmo de marcha.

Durante el trayecto, al estar acercándonos a la “civilización”, el tráfico aumentó, por lo que a la vez de controlar el rebaño teníamos que abrir camino a los vehículos que se veían rápidamente rodeados por una nube de ovejas. Pronto vimos las espectaculares dehesas con sus vacas y toros bravos de las que tanto hemos oído hablar, y los típicos cortijos andaluces.

Dehesas con vaquillas y toros bravos (Severine Caillaud)
 

Rehidratándose cada uno a su manera, debido al calor y al sol del Sur (Severine Caillaud)

Mientras que nosotros a cada kilómetro se nos iba quemando más el rostro, el de los pastores iba desprendiendo cada vez más felicidad, pues pronto iban a reencontrarse con sus familiares. Y así fue, a la vuelta de una curva muy cerrada Miguel, el hijo más joven de Vidal, corrió hacia su padre abrazándolo fuerte tras 23 días sin verlo, seguido por su hermano Jorge y su querida mujer. Unos metros más adelante, fue la familia de Ismael, y sus dos hijas Izane y Nadia que se precipitaron sobre su padre abrazándole también. A Nicolás le esperaba la hija de Urbano, Marina...

Vidal y Miguel (su hijo pequeño), el reencuentro (Severine Caillaud)

La familia de Vidal al completo,
y el reencuentro entre compañeros de trabajo, Julio y Marian (Severine Caillaud)

Un poco más tarde, nos encontramos con caras ya más conocidas por todos nosotros: Marian, Pepe, Raúl e Ibarra, que marcharon con nosotros los últimos kilómetros hasta que llegamos a Plazuelas, una inmensa finca vallada y tapizada de verde. Pastorearon el ganado adentro ante nuestra expectación llena de felicidad y a la vez nostalgia, ya que fue en ese momento cuando aceptamos que realmente el viaje se había terminado.

Urbano instaló por última vez el pastor eléctrico ya que el día siguiente iban a separarlas. Los mastines se dejaron sueltos por la finca y los perros pastores se ataron, ya que los pastores dicen que son muy nerviosos y sin vigilancia podrían morder a las ovejas.

Llegada de las ovejas (Severine Caillaud)

La televisión de Jaén se desplazó para grabar nuestra llegada y escogieron a Vanesa para sujetar la cafetera simulando la vida de “camping”. Grabaron nuestras caras quemadas por el sol y nuestras sonrisas cómplices porque nos esperaba una ducha caliente en Vilches.

Los profesores se reservaron cada uno una habitación de hotel mientras nosotros acampamos por última vez en una finca de Urbano a unos pocos kilómetros de Vilches. Al llegar al hotel “Mesón Marchena”, una vez duchados, disfrutamos de unas estupendas tapas que nos pusieron con las bebidas. Para no perder la costumbre, seguimos de tapeo en un agradable bar en Vilches, donde algunos probamos las deliciosas criadillas de cerdo por primera vez.

Los profesores se retiraron antes que nosotros, que seguimos largo rato y además nos fuimos a tomar unas copas de despedida.

Recorrido: 15 km

Autores: Helena Agustín Valdearcos, Laura Bataller Montaner, Severine Caillaud, Alfonso Cruz Andrés, Vanesa Galende Medinilla, Juliette Martín Cereza, Armán Santorcuato García

domingo, 30 de diciembre de 2012

Día 22 - 22 de noviembre

Tras el habitual desayuno tocó hacer de veterinarios puros y duros y sacamos sangre a las ovejas para analizarla, además de un coprológico, y estudiar la salud de los animales tras la trashumancia.

Helena sangrando (Severine Caillaud)

El rebaño de vacas que encontramos el día anterior empezó a acercarse hacia nuestro campamento, pero los mastines corrieron hacia ellas y acabaron por disuadirlas, ya que se replegaron de inmediato.

Una vez recogido todo empezamos a andar por Sierra Morena mientras las vacas nos veían alejarnos con recelo. Como es bien sabido, en un cortijo grande el que es tonto se muere de hambre, así que el perro más rápido se comió uno de los abortos que de vez en cuando, a causa de las duras jornadas de caminar, tenían algunas ovejas.

A medida que el sol se iba levantando e íbamos avanzando, descubrimos colores y vistas increíbles, que nos dejaron a todos anonadados. Tuvimos mucha suerte ya que el tiempo ese día fue particularmente soleado, lo que resaltaba los distintos tonos verdosos de la Sierra, contrastados con el azul intenso del cielo. Las ovejas ese día iban más lentas, debido a un pasto abundante y de gran calidad que se iban encontrando.
 
Suculento almuerzo (Severine Caillaud)

Vanesa perdiendo "las golondrinas" (Severine Caillaud)

Tras el obligado y añorado almuerzo, mientras proseguíamos con nuestra peripecia, una cabra se quedó trabada en una malla que protegía unos arbolados y el pastor, muy atento, tuvo que ayudarla a liberarse al escucharla. Una vez atravesada una finca, que tuvimos que abrir, vimos los cortijos de la sierra donde se crían ciervos para la caza. También tuvimos la suerte de ver algunos libres, así como corzos, pero los mastines no fueron lo suficientemente rápidos como para deleitarnos con ese menú aquella noche…

Ramoneando (Severine Caillaud)
 
El paisaje seguía siendo cada vez más impresionante y el sol cada vez más intenso. Sedientos, tuvimos la imperiosa necesidad de paramos en un pequeño río para hidratarnos... bajo la premisa de los pastores de: “agua corriente no mata a la gente”, nos abalanzamos sobre el líquido elemento. Una vez saciados escuchamos a los pastores, entre risas, decirnos: “¡¡todos los que beben de ese agua morirán!!”.

"Agua que corre no mata" (Helena Agustín)
 
Los compañeros que andaban detrás observaron que un macho cabrío tenía los testículos muy hinchados debido a una castración hecha antes de irse de trashumancia, que manifiestamente se estaba complicando. Le inyectamos terramicina durante el camino para evitar complicaciones.

Inyectando terramicina al macho cabrío (Helena Agustín)

A las 17:00 horas llegamos a lo alto de Sierra Morena. Como ya era habitual, montamos las tiendas e hicimos la hoguera. Hacía más frío que las demás noches, debido a los 800 m de altitud, así que agradecimos el caldo con, entre otras cosas, la carne del conejo cazado por el mastín el día anterior, y rebollones recogidos el mismo día... como cada noche un cena muy rica y abundante.
 
UAuuuu (Vanesa Galende)

Escuchamos a los perros ladrar casi toda la noche, porque había muchos animales por allí (jabalíes, ciervos...), las ovejas se asustaron varias veces durante la cena, por lo que los pastores temían que se produjera una estampida y se escaparan, cosa que afortunadamente no sucedió.


Recorrido: 15 km

Autores: Helena Agustín Valdearcos, Laura Bataller Montaner, Severine Caillaud, Alfonso Cruz Andrés, Vanesa Galende Medinilla, Juliette Martín Cereza, Armán Santorcuato García

sábado, 29 de diciembre de 2012

Día 21 - 21 de noviembre

Como siempre la mañana comenzó fría y gris, bañada por el rocío de la noche anterior que había caído allí en el Cerro del Lobo, donde despertamos tras nuestro segundo día de caminata.

Las tiendas mojadas, las brasas de la hoguera de la noche anterior aún encendidas y el café preparándose sobre el camping gas.

Ismael se levantó temprano, como de costumbre, y por supuesto nos volvió a deleitar con sus poemas y canciones mentando siempre a Goytisolo con “Palabras para Julia” y “Érase una vez”, Alberti con su mítico “Nocturno”, Quevedo con “Es amarga la verdad”, Gabriel Celaya con “España en marcha”, Jorge Manrique con “Coplas por la muerte de su padre”… Además de recitadas, cantadas con el ritmo que les dio el fabuloso Paco Ibáñez. Después fueron apareciendo Vidal y Urbano acompañados de Isidoro con su peculiar gorro.

Tras un buen desayuno de magdalenas y café, nos pusimos en marcha, dejando atrás el cerco que habían hecho las ovejas sobre el rastrojo de trigo y que habían convertido en un perfecto círculo de tierra y restos de heces. Aún nos quedaban por delante 12km.

Comenzando la vereda con energía (Helena Agustín)
 
Comenzamos a subir el Cerro del Lobo, donde el camino era pedregoso y estaba flanqueado por jara-estepa, una planta de tipo arbustivo que las ovejas consumían de vez en cuando.

Cruzamos los campos de trigo de La Mancha, llenos de barro y fango debido a las lluvias de los días anteriores. El paso era lento y el barro entorpecía aún más la marcha, pero todos continuamos a la vez que contábamos historias y Vidal nos volvía a todos un poco locos con sus acertijos.
 
Pero la cosa se complicó cuando un pequeño arroyo, que debido a las lluvias de los días anteriores llevaba más caudal que el Ebro (al menos eso nos pareció cuando tuvimos que atravesarlo), se interpuso en el camino. Calzados con botas de agua, pasaron parte, los otros con la ayuda de una piedra colocada estratégicamente por Armán, pasamos como pudimos. Otros, como Vanesa, decidieron comprobar la resistencia al agua de sus botas y echar el pie directamente dentro del agua o pasar “sin mirar” como bien dijo Vidal.

Vanesa comprobando la impermeabilidad de sus botas (Severine Caillaud)
 
Cuando pensamos que el problema del río había sido lo más difícil, descubrimos que la otra orilla era un campo convertido en barrizal que cubría hasta los tobillos, como bien demostró nuestro estimado profesor Julio, al ver que su bota se hundía irremediablemente en el barro y que sólo se pudo llevar con él su calcetín.

Julio atrapado en el fango, Laura pasando (Helena Agustín)
 
Después la Cañada Real se introducía por medio de hectáreas y hectáreas de olivos pertenecientes a algún terrateniente, que tristemente se habían comido parte de la Cañada, no respetando las 90 varas que a ésta le corresponden o los equivalentes 75. Lo que puede el dinero, como bien dijo en su día el Arcipreste de Hita. Montones de aceitunas se agrupaban en las ramas de los árboles, pero pese a su aspecto, su sabor recién cogidas del árbol no es muy apetecible, o al menos eso le pareció a Severine, que las probó con mucha alegría y acto seguido Juliette.

De nuevo el camino se llenó de charcos difíciles de esquivar, hasta que por fin vimos el puente que llevaba al “pozo del cura” donde habíamos quedado en reunirnos con Olivia, Urbano e Ismael para comer. Allí, Vidal nos explicó, o más bien nos volvió a tomar el pelo, que ese lugar era así conocido porque allí vivía un cura y que para beber el agua de su pozo, había que besar su anillo…

Llegando al pozo del cura (Helena Agustín)

Una vez repuestas las fuerzas y con el estómago lleno, continuamos la marcha. Ahora el terreno ascendía porque nos acercábamos a  Sierra Morena. A medida que ascendíamos, se podía ver todo el camino recorrido y cómo las tierras de Castilla la Mancha quedaban atrás. Y por fin, después de unos kilómetros, cruzamos de la provincia de Ciudad Real a Jaén, momento en el que todos aprovechamos para hacernos fotos en esta encrucijada, en compañía de Rudolff, Ismael y Nicolás.
 
Cambiando de provincia (Severine Caillaud)

Olivia volviendo a la infancia (Severine Caillaud)
 
El cielo se puso aún más gris, pero por suerte no cayó ni una gota. Todo prosiguió con normalidad, entre más risas, historias y acertijos, hasta que llegamos a la “Cañada de las Tabernillas” después de otros 6 km recorridos. Pastaban a sus anchas un rebaño de bovinos de carne. El rebaño estaba constituido por varias cabezas de Berrenda en Colorado que según nos explicó Nicolás eran típicas en el sur para carne. Conocimos en persona el ganadero, un tipo curioso llamado Cayetano y algo duro de oído… por no decir completamente sordo.

Cruce de veredas (Severine Caillaud)

Finalmente llegamos a la cañada, punto donde debíamos hacer noche y en el cual Julio y Severine ya habían montado nuestras tiendas, muy amablemente, pendiente abajo. Preparamos las brasas, se asaron pinchos morunos para todos, y la bota de vino volvió a correr, demostrando una vez más que el vino en plena Sierra no sienta a todos por igual…

Aprovechamos el corro alrededor del fuego para jugar al juego de las marcas, que Olivia transformó en el juego de “Infecciosas” haciendo que cada uno de nosotros nombráramos una enfermedad infecciosa del ovino, équidos, vacuno, porcino y peces. Después de otra gran cena de Urbano nos quedamos un rato alrededor del fuego charlando sobre cómo arreglar el país y finalmente a dormir, aunque algunos de nosotros preferían ir a cazar jabalíes acompañados de la bota de vino.

Largo camino recorrido, tanto que incluso cambiamos de comunidad autónoma, mucho barro y rodillas doloridas, pero con más ganas de proseguir al día siguiente.
 
Recorrido: 18 km

Autores: Helena Agustín Valdearcos, Laura Bataller Montaner, Severine Caillaud, Alfonso Cruz Andrés, Vanesa Galende Medinilla, Juliette Martín Cereza, Armán Santorcuato García

viernes, 28 de diciembre de 2012

Día 20 - 20 de noviembre

Nos despertamos sobre las 7 de la mañana, con la conversación interminable de Olivia, que por lo visto estaba más nerviosa que nosotros y no pudo dormir en toda la noche. El rebuzno del burro no se dejó escuchar hasta que no pasó un buen rato, a diferencia de lo que nos contaban otros grupos.
 
Recogiendo el campamento por la mañana (Severine Caillaud)
 
Nos emperifollamos para estar listos en nuestro primer día de caminata. Tomamos fuerzas desayunando:”tortas, magdalenas, malacara”, tal y como decía Ismael, y nos pusimos en marcha, algunos compañeros con Vidal (detrás) y otros con Ismael (dirigiendo el ganado).

Divisando el horizonte manchego (Vanesa Galende)

Ovejas comiendo de una encina (Laura Bataller)

Pastoras buscan esposo (Laura Bataller)
 
Durante la marcha entablamos conversación con los pastores y nos relataron algunas características de sus animales:

- Su rebaño consta de aproximadamente 3.000 cabezas, contando con las ovejas de la familia Soriano y las de Martínez, las cuales llevan diferentes cencerros según el propietario. Las identifican con crotal, una marca en la lana y cencerros.

- Hay unas 2.500 que realizan la trashumancia a pie (de las cuales 1.500 están preñadas) y otras 400-500 que acaban de parir y realizan la trashumancia en camión junto a sus crías.

- Tienen unos 80-90 carneros para todas las ovejas. En mayo no los llevan junto al rebaño para evitar preñar a las ovejas y tener nacimientos en noviembre mientras realizan la trashumancia.

- Además, llevan machos cabríos para dirigir el rebaño y los castran para que desarrollen más musculatura.

- Realizan tres pariciones: en diciembre- marzo- agosto. Se destinan a cebo todos los corderos salvo los que nacen en marzo, que se destinan a reposición.

- Como curiosidad: hace unos años dejaron una noche un carnero con las ovejas y 5 meses después tuvieron 43 partos.

- Por último, supimos que uno de los requisitos para realizar la trashumancia es ser libres de Brucella. Se les sangra dos veces al año, si sale una positiva, se vuelve a sangrar todas, y si sale alguna positiva, se inmovilizan o se sacrifican.
 
Las "mal parias" (Vanesa Galende)
 
Al atardecer llegamos al Cerro del Lobo, donde acampamos e hicimos la hoguera para preparar la cena. El menú fue un potaje de conejo (cazado por un mastín), callos, patatas y garbanzos.
 
Contemplando la suite (Vanesa Galende)
 
Suculento potaje serrano (Vanesa Galende)

Tras la cena, nos reunimos alrededor de la lumbre (como todas las noches), para debatir temas varios:
 
  • Comentamos los gustos del consumidor sobre lechales y corderos.
  • Usos de tratamientos hormonales e implantes.
  • Les explicamos que nos falta práctica en cuanto al manejo de animales, ya que la Universidad está enfocada a una enseñanza más teórica que práctica.

Recorrido: 13km (4.30h)

Autores: Helena Agustín Valdearcos, Laura Bataller Montaner, Severine Caillaud, Alfonso Cruz Andrés, Vanesa Galende Medinilla, Juliette Martín Cereza, Armán Santorcuato García

jueves, 27 de diciembre de 2012

Feliz Navidad y Próspero 2013


Día 19 - 19 de noviembre

Iniciamos nuestra aventura a las 10:15 de la mañana, hora de salida de la facultad. Realizamos una parada para comer y repostar al poco de partir, ya que no sabíamos qué era lo que nos esperaba y queríamos aumentar nuestras reservas. Tras 6 horas de viaje llegamos a Torrenueva, Ciudad Real, alrededor de las 16:45h.

Cerca del pueblo nos esperaba Isidoro, que nos condujo donde tenían el campamento y nos recomendó que plantáramos las tiendas y sacásemos los bártulos antes de que se hiciera de noche (por cierto, nos comenta que somos el grupo que más rápido lo hace). Dicho y hecho, empezamos a montar las tiendas de campaña que nos habían prestado los grupos anteriores y que tras las vicisitudes que tuvieron que pasar estaban completamente mojadas. Además el suelo, lleno de piedras, no ayuda. De este modo acampamos como buenamente pudimos en la Cañada de los Conejos. Al momento llegaron los pastores (Ismael, Urbano y Vidal) con sus ovejas, dándonos un recibimiento muy cálido. Ipso facto nos ponen motes por nuestros orígenes: Vanesa (la catalana), Laura (la de Gandía), Juliette (la andorrana), Severine (la francesa), Helena y Alfonso (los zaragozanos).

 
Llegada al primer campamento - La cañada de los conejos - (Laura Bataller)
 
En un abrir y cerrar de ojos encienden el fuego y comienzan a preparar la cena: arroz caldoso con pollo y pimientos, y ensalada de atún, tomate y sardinas (todo en cantidades ingentes). Nos quedamos todos sorprendidos de lo buena que estaba la cena, ya que no esperábamos algo así en medio del campo.
 
Al terminar, nos acercamos a la hoguera para entablar conversación con los pastores y tentarnos los unos a los otros.

Nos comentaron las diferencias del trayecto de trashumancia que realizan ahora en noviembre, al que realizan de vuelta en mayo. Admiten que prefieren la bajada a Andalucía, ya que se soporta mejor el frío que el calor, aunque en mayo tarden medio día menos en llegar.


Asimismo debatimos sobre las diferencias entre el sistema en extensivo e intensivo. Evidentemente son partidarios del extensivo porque, aparte de ser más rentable, es el modelo que conciben como bueno para los animales, donde hay más bienestar animal. Por supuesto son conscientes de la contribución a la biodiversidad de la trashumancia y la limpieza de los montes que realizan, labor que evita muchos incendios y permite mantener un equilibrio ecológico del medio. A pesar de entenderlo como una forma de vida, no recomiendan a los jóvenes que se hagan ganaderos hoy en día, porque se necesita una inversión inicial elevada y para más inri tiene baja rentabilidad.
 
Mencionan el por qué de la trashumancia a pie y no en camión. La prefieren a pie porque la llevan haciendo desde hace 30 años, la comida de las ovejas durante ese mes no la tienen que pagar y además dan biodiversidad al medio. El asunto es que el realizarla en camión les supondría 8.000 € para el trayecto de ida y otros 8.000€ para el trayecto de vuelta.

Cerramos esta amena conversación al hablar de sus residencias en Guadalaviar y en Vilches. Y con el varapalo de no ser los primeros aventureros, ya que, lejos de ello, siempre tienen a alguien que los acompaña durante las trashumancias.

Al llegar la hora de acostarse, cada oveja se fue con su pareja, y una vez en la tienda, al no haber recorrido ningún kilómetro y estar con los nervios a flor de piel por lo que nos esperaba, nos costó conciliar el sueño. A ello contribuyó la presencia de un zorro que merodeaba por los alrededores y enervó a los perros, que no pararon de ladrar.


Autores: Helena Agustín Valdearcos, Laura Bataller Montaner, Severine Caillaud, Alfonso Cruz Andrés, Vanesa Galende Medinilla, Juliette Martín Cereza, Armán Santorcuato García