martes, 27 de noviembre de 2012

Día 2 - 2 de noviembre de 2012


Tras unas 10 largas horas descansando, nos levantamos a las 7:00 am, para recoger, desayunar y afrontar la segunda jornada de la vereda. Hoy nuestro destino nos llevaría hacia un pueblo conquense llamado Las Majadas. Subimos el Arroyo de Las Truchas desde donde se podía divisar un hermoso paraje de la sierra de Cuenca. El recorrido lo hicimos bajo una fina lluvia que se alternaba con rayos de sol, lo que no nos impidió disfrutar del camino.

Caminando por la Serranía de Cuenca (Foto de Raúl Malo Martín)
Más adelante nos esperaba un valle muy limpio en el que se dejaba ver poco arbusto. Estaba formado por amplios pastos y grandes pinos. Las ovejas pastaban tranquilamente ajenas a las atentas miradas de las rapaces que sobrevolaban el paisaje. Durante el paseo discurren amenas clases de biología y botánica que se alternan con temas políticos y administrativos a modo de consejos para nuestro futuro profesional. La experiencia que comparten con nosotros Marian, José Manuel y Javier nos advierten de la enorme responsabilidad de un veterinario en el mundo ganadero sobretodo, y que debemos andar con pies de plomo pues nuestras decisiones pueden afectar a un gran número de ganaderos, tanto para bien como para mal. Nos chocó mucho la frase “cuando mi ganadero conduzca un Audi, yo conduciré un Audi” que manifiesta de un modo muy acertado la idea del veterinario como lo que debe ser, defensor acérrimo de su ganadero y el primer interesado en su beneficio. La charrada va cambiando de rumbo sin darnos cuenta mientras atravesamos el valle.

Cañada Real Conquense (Foto de Raúl Malo Martín)
Las ovejas se comportan como un fluido
gregario (Foto de Raúl Malo Martín)
Terminamos aprendiendo los remedios medicinales más antiguos y populares que nos cuenta Vidal, algunos de los cuales estaban reflejados en el museo de la trashumancia, que no dejaron de sorprendernos. Por ejemplo, para curar “la nube” o queratoconjuntivitis seca de las ovejas, los ganaderos le echan sal en el ojo, o le atan una cuerda al cuello y le hacen un número impar de nudos. Para curar las miasis, o “la cagada de la moscarda” se coloca un par de cardos verdes en cruz y sobre ellos una piedra, en aquel lugar donde el animal parasitado ha pisado con la extremidad posterior derecha. Nos atrevimos también con remedios para enfermedades humanas, como las verrugas, y Marian nos explico un rito que le habían contado a ella: cuando encuentras un hueso muy viejo y muy blanco de oveja por el campo, das tres vueltas sobre él, luego te frotas la verruga y lo vuelves a dejar en la misma posición. Dicen que la verruga desaparece. 

No solo aprendimos, sino que también compartimos con Vidal y los demás compañeros alguno de los remedios que en esas prácticas con Luis Miguel Ferrer o Juan José Ramos te cuentan. Siempre recordamos por su singularidad el remedio popular frente al Cenuro cerebralis que consistía en poner una piedra con un agujero (como si de un donut se tratase) sobre la puerta de la paridera. Otra variante era colgarla del cuello a la oveja con problemas neurológicos, llamada frecuentemente cordera “modorra”. En ambos casos la piedra debía tener el agujero espontáneo, habías de haberla encontrado así en el campo. Nada más escuchar todos esos remedios empezamos a discutir y a lucubrar la base científica de cada uno de ellos, lo cual nos llevo a algunos a ganarnos el amistoso apodo de “el incrédulo” pues dudábamos de su capacidad sanadora real. 

A las 12.30 nos esperaba el hatero, persona encargada de abastecer a los ganaderos de a pie, en lo alto de una colina, para proporcionarnos energía a base de embutidos, jamón, queso, sardinas, pan y el querido vino D.O. Cariñena. 

¡Qué bien sienta el almuerzo! (Foto de Raúl Malo Martín)
Al pasar por un abrevadero tras un buen “paseo” el ganado agradece
 echar un trago (Foto de Raúl Malo Martín)
Una vez saciada el hambre, reanudamos la marcha y continuamos con nuestras fotos curiosas, adivinando acertijos y charlando unos con otros. Si queréis adivinar algunos de los acertijos, ahí van unos cuantos:

  1.  Un hombre ve a un pastor y dice: Ahí va el pastor de las 20 ovejas, y el pastor respondió: No, seré mayoral de las 20 ovejas cuando tenga el doble que estas y la mitad que estas. ¿Cuántas ovejas tenía el pastor?
  2.  ¿Cuándo tiene la oveja más lana?
  3. Subo al cerezo, había cerezas, no cojo cerezas, me bajo y no quedan cerezas, ¿cómo es posible?
  4.  Un trailer de gorrinos chatos va de Madrid a Segovia, descarrila a mitad del camino. ¿De dónde eran los gorrinos chatos?


De nuevo nos encontramos con el problema de la invasión de las cañadas… esta vez, bueno y todas las demás, la culpa radica en la administración por no respetarlas, atravesándolas como en este caso con carreteras, lo cual es un peligro y una responsabilidad para los ganaderos circular por sus cunetas con las ovejas.

Ejército ovejil aguantando de forma estoica en las
 trincheras (Foto de Raúl Malo Martín)
El ganado lanar dando dificultando el tráfico a la entrada de
Las Majadas. (Foto de Raúl Malo Martín)
Compañero con la mirada puesta en un mundo bucólico
 pastoril (Foto de Raúl Malo Martín)
El ganadero Vidalico y su borrico (Foto de Raúl Malo Martín)
En un momento dado, las ovejas se dispersaron alejándose del pelotón, y varios compañeros tuvieron la oportunidad de llevar a cabo las labores del perro pastor, cumpliendo su tarea de recoger las ovejas despistadas con éxito. Sobre las 4 de la tarde disminuimos la marcha para permitir que las ovejas pastaran tranquilamente en los alrededores del pueblo durante un par de horas, hasta que llegamos al cercado. Esta noche Urbano nos sorprendió con unas deliciosas patatas a la virulé, ahí va la receta: garbanzos, patata, bacalao, callos, sofrito de pimiento, ajo, cebolla, un caldero de hierro y fuego lento. Llenada la tripa decidimos ir al pueblo a tomar un café, que acabó convirtiéndose en una acalorada partida de cartas acompañada de unos cuantos chupitos y varios copazos para culminar la noche. Casi se nos va de las manos…

Los destellos mágicos en la vida de los seres humanos
 los aporta un caldero desde tiempos inmemoriales
(Foto de Raúl Malo Martín)
¿Cómo ves el caldero?
¿Medio lleno o medio vacío?
(Foto de Raúl Malo Martín)

Autores: José Manuel Ibarra, Vicente Luis Pascual Solana, María y Almudena Valiente Viana, Belén Mediano Valiente, Ricardo Novales Miranda, Raúl Malo Martín y Jaime Calvo Bara.

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