martes, 26 de noviembre de 2019

2 de Noviembre 2019


Por fin y tras algunos cambios, llegó el día de salida en el que comenzaría nuestra aventura y que esperábamos con muchas ganas. Tras conseguir disponer todas nuestras cosas en las furgonetas y decorarlas, Héctor y Huerto los conducen hacia Guadalaviar, el pueblo en el que viven los pastores durante la primavera - verano, con los que compartiríamos el camino en esta primera semana.
Hicimos una parada técnica en Santa Eulalia para tomar un cafecito y un pincho, y en este punto nos empezamos a encontrar con más gente de trashumancias anteriores, que, cómo no, no podían perderse la oportunidad de volver a visitar a los pastores y vivir esta experiencia.
Tras un animado viaje, pudimos encontrarnos con los pastores en el punto del camino en el que se encontraban. Se presentaron con las nuevas incorporaciones y los trashumantes de años anteriores tuvieron un encuentro especialmente alegre con ellos. Tras esto, seguimos nuestro camino con las furgonetas un poco más adelante donde aprovechamos a comer mientras esperábamos a que los pastores avanzasen un poco. Hasta este momento el día estaba bastante feo y definitivamente se echó a llover, había que vernos bajo las puertas de los maleteros de las furgonetas tratando de comer.
Leti y Olleta se fueron como hateros durante la tarde.



La lluvia no nos daba tregua pero seguimos con nuestro camino, pasando por el famoso barranco de los judíos, que fue la zona más complicada del mismo. Mientras hablábamos, entre otras cosas, estuvimos aprendiendo sobre diferenciales de enfermedades en el ovino como buenos/as futuros/as veterinarios y veterinarias que somos. Finalmente, llegamos a “Los Chorros”, donde dejamos al rebaño y nos movimos a Guadalaviar, donde nos alojaríamos esa noche.
Al llegar a Guadalaviar, hicimos una muy interesante visita al Museo de la Trashumancia, y aprendimos mucho de su historia. Después nos reunimos mucha gente, visitantes incluidos, y estuvimos pasando la tarde en el bar del pueblo y a la noche fuimos todos juntos a cenar a un restaurante donde todo estaba riquísimo. Después de esto, nos quedamos un rato más en el bar y fuimos a dormir a la asociación cultural relativamente pronto, pues nos esperaba un buen madrugón. Nuestra compañera María hacía unos silbiditos muy curiosos al dormir.


 


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