domingo, 7 de noviembre de 2021

5 de noviembre de 2021. 1º turno. QUINTA JORNADA DE VEREDA.

 

Nos levantamos el último día de vereda para nosotras con ganas de aprovechar las horas. A pesar de ello, nos costó salir de la tienda porque había helado por la noche y las cremalleras estaban atascadas.

La actividad matutina comienza pronto: desayunar, calentarnos brevemente en la hoguera y recoger el campamento. Tenemos que decir que, según pasaban los días, teníamos más maña en plegar las tiendas (bendito Decathlon) y nos adaptábamos más a la climatología de frío y viento.

Una vez en marcha, nos dedicamos a ir de un rastrojo de cereal a otro para aprovechar el ricio o rizo, que es el germinado de los granos de cereal que se ha quedado en el campo. Un alimento muy completo y que al ganado le encanta. Así que, la mayor parte de la jornada transcurrió echándonos a descansar mientras el ganado pastaba.

La mayoría de carreteras por las que hemos ido pasando a lo largo de la vereda o bien tienen un paso por debajo de ellas o bien son secundarias y el ganado las cruza de un lado a otro con ayuda de los chotos y los perros carea. Sin embargo, ese día nos encontramos con un paso subterráneo por el que el ganado no puede transitar, según nos cuentan los pastores, pues al diseñarlo se hizo un largo túnel en forma de S, con lo que las ovejas les costaba entrar al no ver la salida y una vez metidas, al no tener luz, se empezaban a asustar, lo que podía acabar en una avalancha, pudiendo provocar graves lesiones y estrés al ganado, así que se dejó de usar. De modo que, la solución que se encontró en ese tramo fue que la Guardia Civil cortara el tráfico de la carretera nacional para que el rebaño pase durante casi 1 km por la carretera y así poder continuar con su camino. Esta solución tampoco convence a los pastores, ya que por la carretera las pezuñas de las ovejas padecen más lesiones y estas se cansan más. 


 Al llegar al sitio del almuerzo, ya nos esperaba Vidal con unas gachas de harina de almorta con carne que nos entraron estupendamente. 



  Fue muy triste para nosotras compartir el último almuerzo con el grupo, y después de tumbarnos un rato al sol para hacer la digestión y, no está mal decirlo, echarnos una pequeña siesta, nos hicimos la foto de despedida y nos enfilamos a las furgonetas para realizar el viaje de vuelta, recordando todos los momentos que hemos vivido, todas las experiencias que nos llevamos, las personas maravillosas que dejamos haciendo su camino y prometiéndonos una y otra vez que el año que viene repetimos seguro.

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