martes, 3 de diciembre de 2019

16 de noviembre de 2019


Que pronto se acostumbra uno a lo bueno!! Era el tercer día que disfrutábamos de la vereda y nada más escuchar los primeros ruidos, ya todos nos poníamos en marcha sin vacilar. Nos acostábamos cansados, sin embargo, a nadie se le pegaban las sábanas. Más bien todo lo contrario, nos levantábamos con las pilas bien cargadas y con muchas ganas de emprender un nuevo día. A la vista está que el contacto directo con la naturaleza es una práctica necesaria para nuestro cuerpo y mente, una práctica básica, una práctica fundamental…
En la etapa del tercer día, que sería la más larga de todas con 19 km aproximadamente hasta llegar a El corral del Picante, aprovechamos para hablar largo y tendido con Vidal. Estas conversaciones fueron de lo más enriquecedor pues, entre otras muchas cosas, nos estuvo explicando conceptos relacionados con la trashumancia de los que no habíamos oído hablar antes, situándolos en su contexto histórico y haciéndonos ver cómo habían evolucionado hasta el día de hoy. Con lo cual, fue una manera de sentir la historia viva y hacerte partícipe de la misma. Por destacar algo en particular, una de las cosas que aprendimos fue, que lo que se conoce como “Cañada Real”, proviene de la época de Alfonso XI, pues debido a la gran importancia que tenían las vías pecuarias para el comercio de la lana en aquella época, las puso bajo la protección real. Además, la distinción que se hizo entre las distintas vías fue en función de la anchura, la cual se medía con la vara castellana. La equivalencia por lo tanto de la Cañada Real, que sería de 90 varas, corresponde a 75 metros.
Paso a paso conseguimos llegar a El corral del Picante. Esta noche fuimos más para cenar, nos acompañaron amigos de nuestros pastores, y aquí es donde se pudo remarcar algunos de los valores esenciales que se respiran en la vereda, el compañerismo, el saber compartir, la gratitud. Es increíble cómo un grupo de personas las cuales apenas se conocen pueden estar tan agusto y fluir tan bien… la verdad, es que con días así, solo se puede ir uno a descansar dando las gracias por todo lo vivido, sentido y aprendido.

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