miércoles, 4 de diciembre de 2019

22 de noviembre de 2019. La felicidad es esto.


Amanecimos con previsiones de lluvia bajo el brazo y aunque albergábamos la esperanza de que nuestros móviles se equivocaran, la tecnología tuvo razón. Parecía que el cielo se burlaba de nosotros y esperaba a que Vidal se quitase el impermeable para empezar a llover (Fig. 4).


 Avanzábamos por el término de Torrenueva, en dirección a Castellar de Santiago, a través de fincas repletas de olivos y encinas; siempre pendientes que las ovejas no se desviasen del camino, ya que los olivos eran una tentación para ellas. Vidal amenizó la marcha con su gran repertorio de acertijos y chistes que desengrasaron nuestro cerebro.

Tras un rato caminando, pecamos de inexpertos al preguntar: “¿Cuándo llegaremos?” a lo que Vidal, sin dudarlo, contestó: “Antes de cenar.”

Justo antes de llegar al punto de encuentro con Urbano comenzó a llover coincidiendo con la llegada de Pedro Cordero (Peter Lamb para los amigos) y su compañera de trabajo Carmen. Pedro repetía la experiencia y Carmen, novata en este tema, venía con las expectativas por las nubes gracias a los comentarios de su compañero, animándola a unirse al grupo.

Pese a que diluviaba, Urbano nos había preparado con todo su amor huevos fritos (por supuesto bien aliñados con ajo bajo la supervisión del Licenciado Arroyave, alias El Colombiano). A pesar de que los huevos fritos al final estuvieron pasados por agua, no duraron ni cinco minutos en sus bandejas. Obviamente no podían faltar los ingredientes estrella de nuestros almuerzos: los embutidos, el pan e Irene.

Debido a que la lluvia no amainaba nos quedamos de sobremesa todos juntos bajo el “caseto”, como sardinas en lata, pero muy bien avenidos. Nuria necesitó ayuda para enfundarse en un impermeable militar en el que podríamos haber cabido todos. Mientras tanto Miriam, huérfana de una lentilla extraviada esa misma mañana, trataba de calcular las distancias sin mucho éxito.

Íbamos a dormir en el Cerro del Lobo, pero no pudimos por las condiciones meteorológicas y tuvimos que montar el campamento en una zona más accesible en coche, entendiendo por accesible que el coche solo se quedase embarrado una vez. Esa tarde estuvieron de hateros Emilio, Miriam y Leire; aunque tuvieron dificultades para arrancar, papi Peter Lamb acudió al rescate de Miriam pudiendo emprender la marcha hasta el cerro.

Durante el montaje del campamento la lluvia siguió sin darnos una tregua y acabamos calados hasta los huesos. Menos mal que la lumbre de Urbano nunca defrauda y pudimos calentarnos bajo la lluvia. Mientras la luz se desvanecía llegaron nuevas incorporaciones al grupo: Nuria Luján, que venía a hacer un proyecto audiovisual sobre la relación humano-animal, y Pablo Lacasta, que venía recomendado por su tía Delia a vivir la experiencia.

Juan Vicente se quedó encerrado en su tienda y pidió desesperadamente que alguien le bajase la “cremellera”. Ante tan desafortunadas palabras la gente decidió ignorarlas hasta que finalmente Ismael se apiadó de él. Obviamente, su grito de ayuda fue el chascarrillo de la cena esa noche. “Siempre estáis con el ascua encendía” dijo Vidal, haciendo referencia a la expresión que esa misma mañana nos había explicado y que se convirtió en uno de los lemas de nuestra vereda.

Urbano, como cada noche, preparó un puchero delicioso de “arroz con cosas”, en palabras de los valencianos Delia y Pablo, expertos en materia de paella. Lo mejor del postre no fue ni la tarta de chocolate ni el roscón, sino el cielo repleto de estrellas que nos esperaba al salir del “caseto”.

Ismael: “Mirad, está raso. Se ven las estrellas.”
Vidal: “¿Veis? La felicidad es esto. Hay que pasarlo mal primero para valorar cuando uno está bien.”

Después de estas sabias palabras, nos reunimos alrededor de la lumbre ,como cada noche, aunque esta fue distinta a las demás no sólo por la tregua que la lluvia nos había regalado sino porque esa noche nació la “rabbit party”. Todo un éxito.

Llegados a este punto nos vemos en la obligación de explicar en qué consiste este nuevo concepto, aunque las palabras no hacen justicia a tan singular acontecimiento. Sólo podemos decir que aquella noche descubrimos facetas inesperadas y ocultas que nos hicieron ver con otros ojos a algunos de nuestros compañeros.

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