martes, 3 de diciembre de 2019

18 de noviembre de 2019


Comienza otro nuevo día con las inconfundibles voces de los pastores como despertador, que siempre parecen encantados de comenzar la jornada. ¿Será porque aman su trabajo o porque con cada amanecer están más cerca de casa? Por una u otra razón, siempre alegran las mañanas con sus chanzas y sus cantares.
Salimos de nuestras tiendas cubiertas de escarcha (fig. 5), nos preparamos para partir y con los primeros rayos de sol, empiezan a aparecer las siluetas de las ovejas y las carrascas, antes cubiertas por la niebla de la mañana.


 Las pequeñas gotas de rocío congeladas, empezaban a regalarse y a caer de las ramas y los charcos de agua helada se iban rompiendo para hacer de abrevadero a nuestros animales. Es difícil explicar toda la paz y armonía que nos regalaron a los sentidos aquellos montes…
Caminamos por aquellos montes, animados y disfrutando del paisaje y la compañía. Nos acompaña la climatología perfecta: sin excesivo calor y con el sol en lo alto, diciéndonos que estuviéramos tranquilos, que ese día no nos íbamos a mojar.
Tras unas horas andando, aparece a nuestros pies Ruidera. De nuevo una imagen para recordar (Fig. 6): nuestras 3000 ovejas en aquella loma, esperando las órdenes de sus pastores para cruzar el pueblo y continuar con su vereda hacia el sur. 


Tras unos minutos de espera, cuando por fin nos dieron luz verde, atravesamos el pueblo creando revuelo en sus calles. Los vecinos se asomaban a los balcones, los curiosos salían de los comercios y hasta los niños del colegio se asomaron a ver a la Merina de los Montes Universales pasando por allí.
Tras el almuerzo de rigor, continuamos la marcha cruzando carreteras y aprovechando las rastrojeras que quedaban cerca de la cañada para que a las ovejas no les faltara pasto.
El sol estaba cayendo ya, cuando al fondo de nuestra vista, vislumbramos el campamento con las tiendas y la hoguera esperándonos.
Con ganas y a la vez con sensación de estar echando ya de menos todo aquello, nos comimos el puchero de urbano y nos reunimos en la hoguera a disfrutar de nuestra última noche de vereda.

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